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Andrés

Yo por Navidad pido República

La pasada Nochebuena el Rey apareció un año más en todos los televisores para pronunciar su típico mensaje de Navidad. O, al menos, en todos los televisores de aquellos que quisieron escucharle.

Personalmente, he visto íntegramente por YouTube el discurso (que ahora la familia real tiene que parecer moderna, al margen de que nada cambie), y yo creo que lo hice porque soy un poco masoquista.

Quería ver qué decía el monarca, ese que tiene ciertas atribuciones en la Constitución (como promulgar o derogar las leyes) que si a quién ostentase este cargo le apeteciera, podría instaurar una dictadura.

Intentaré no centrarme mucho en el mensaje del Rey, pues como otros ya han señalado (y en mi opinión muy acertadamente) no es más que un juego de palabrería y guerra psicológica a la vez, cambiando palabras y conceptos para acabar cumpliendo su función: apaciguar a los súbditos.

Dicho esto, pasaremos por alto las alusiones del Rey al “desapego” de los ciudadanos con la política (en vez de referirse más correctamente al bipartidismo, como apuntan las encuestas) y a los sacrificios que hacemos los ciudadanos, que seguro que él esté donde esté, la zarzuela o Botsuana, comprende tan bien.

El Rey durante su mensaje navideño

El Rey durante su mensaje navideño

Yo quiero hablar de un debate que creo necesario: ¿Monarquía o República?
No soy el único que lo pide, menos aún entre los jóvenes, ya que el 73% de éstos reclama un referéndum sobre la forma de gobierno del Estado (y el 54% de la población general).

Para empezar, y ya lo he dicho al respecto de otros temas, creo importante acometer una reforma constitucional, y es harto necesario revisar también el título II, que trata sobre la corona, aunque ya solamente fuera para eliminar el machismo de ésta institución, y que no prevaleciesen los varones frente a las mujeres a la hora de reinar.

Pero es un tema que admite mucha más profundización, y precisamente en estos tiempos de crisis, es más recomendable que nunca mirar con lupa la función de las instituciones y en lo que invertimos nuestro dinero.

¿Y qué funciones cumple el Rey? Aunque según la Constitución y como ya he dicho antes, su papel formal es muy importante para sancionar y derogar las leyes, convocar elecciones y referendos, y dirigir al ejército, su papel real es más bien escaso.

Todas esas funciones no son más que protocolarias, pues en verdad las podría desempeñar el gobierno de turno o, en el caso del ejército, son una duplicidad con el Ministerio correspondiente.

Pero es que además la casa del Rey recibe una cantidad sustancial de dinero al año (entre unos 8 y 9 millones de euros, dependiendo del año), que el monarca reparte como cree oportuno y sin dar apenas cuentas de ello.

Y todo ello… ¿por qué?
Porque en algún momento sus antepasados, apoyados en la gracia divina, ganaron las luchas encarnizadas por el trono. Y, si nos remontamos a nuestra historia reciente la explicación es peor aún: El Rey tiene estos privilegios porque en su día fue nombrado sucesor por un dictador, Francisco Franco.

Y ya está. No tiene ninguna otra explicación.
Es Rey porque sí.

Y ese es el primer motivo, y yo creo que el más fuerte en una pretendida Democracia, que nos debería hacer por lo menos plantearnos este debate seriamente.

¿Qué argumentos podrían tumbar la igualdad de todos y la Democracia como defensa?

Muchos defienden que los estados organizados en una forma de gobierno republicana resultan más costosos económicamente.
Es cierto que nuestra monarquía es una de las menos costosas de Europa, pero, siguiendo la misma comparación, ¿no podría ser también una de las repúblicas menos costosas?

Es más, en una república los ciudadanos tendríamos un mayor control sobre cómo se maneja el dinero asignado al representante del Estado, además de quién lo maneja. Por no hablar de que en caso de que, por ejemplo, a nuestro jefe de Estado se le ocurriera posar en una entrañable foto de cacería con delincuentes e imputados, los ciudadanos podríamos retirarle nuestro apoyo.

Corona Trampa

Y, planteándonos las funciones que cumple la familia real por sí misma, realmente se reducen a una: Representación de España en el exterior. ¿Esta representación no la podrían hacer una especie de embajadores? ¿Es necesario escoger a un jefe de Estado para cumplir esa función?

Tal vez la figura de jefe de Estado sea poco eficiente, poco provechosa, y pueda repartirse entre otras figuras de mayor relevancia (presidente del gobierno, ministros…).
Tal vez podríamos debatir sobre ello e inventar una república que incorporase una nueva concepción de lo que debe ser un jefe de Estado.

Yo ya no quiero un “espíritu de la Transición” al que apela el Rey. Un espíritu que nos presentó una Constitución cerrada, o la tomas, o la dejas. Los ciudadanos podemos hacer mucho más que votar como ovejitas en hilera cuando se nos reclama. Podemos pensar y queremos expresarnos.

Cuanto más se posponga este debate y ,en general, un debate en profundidad sobre qué queremos que sea este país y cómo queremos que sea, más se agravara ese “desapego” del que hablaba el monarca en su discurso.

Pero ya sabemos que a él no le interesa ese debate. Ni a él ni al bipartidismo. Habrá que exigirlo, como soberanos que somos.

En Twitter: @Andrewblasco

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Acerca de Andrew Blasco

Un estudiante de psicología interesado por la política. Me gusta entender las cosas, y explicarlas.

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